Volvemos a tener los dos personajes más icónicos de la mitología de Kevin Smith: Jay y Silent Bob. En esta ocasión han vuelto a la pantalla para impedir la realización de un reboot de «Bluntman and Chronic», y para conseguirlo se embarcarán dirección en Hollywood. No será un camino de rosas, más bien será un camino de maría, donde se cruzarán con el KKK, ubers gratuitos, Matt Damon y Ben Affleck, residuos mediáticos y también familiares.
 
La caricatura y la exageración son la fachada y los cimientos de un film extremadamente autorreferencial que aglutina en un solo largometraje todos los rincones del universo del director. Es un festival de cameos y metaficción, escena tras escena aparece un nuevo personaje que está siempre relacionado con el cosmos de la película, la road movie hacia Hollywood va desviándose hacia nuevas situaciones y nuevos gags. La característica que destaca de este film, es la línea argumental de lo familiar que extraen, prueba irrefutable que da a entender que mientras Kevin Smith pueda, seguirán los reboots, las secuelas, los spin offs y lo que haga falta. Mientras sigan siendo divertidas, no necesita nada más.