Los hermanos Zellner, con algunos prestigiosos cortos ya en su filmografía, empiezan a hacerse un espacio dentro del indie americano con la inclasificable Goliath, su primer largometraje en ser seleccionado para el Festival de Sundance. Un gato perdido (los animales son una constante en sus primeros trabajos) es la obsesión de nuestro protagonista (el mismo David Zellner, acompañado en el reparto de su hermano Nathan y el amigo Andrew Bujalski), un hombre recientemente divorciado, mediocre, con un trabajo cualquiera por el que no tiene ningún interés. El animal, todo lo que le queda de su matrimonio, se convierte en una obsesión llena de patetismo en esta comedia punzante, hilarante, desesperada, cercana a ratos al drama demoledor. Tan oscura como divertida, Goliath es un buen ejemplo de la forma de ver el cine de los Zellner: en la frontera de todo, en terreno de nadie.