Madame Bovary

Madame Bovary

Madame Bovary, la reconocida novela homónima de Gustave Flaubert, suma otra adaptación cinematográfica. Renoir en el ’33, Minelli en el ’49 o Chabrol en ’91, teniendo como referencia a esos pesos pesados del séptimo arte, Sophie Barthes se lanza a readaptar y revisar un texto altamente explorado. Si bien Barthes da una nueva versión y otorga un toque de feminidad, su esfuerzo en desbancarse de sus antecesores la encierra en un marco poco favorable y tedioso.

La estética preciosista, y al mismo tiempo sobria, danza acorde con el contexto y la narración. La corrección que envuelve todo el film remarca un trabajo a priori de cuidar hasta el último detalle, no obstante ese detallismo y planificación al milímetro no funciona en su totalidad, la fuerza de un relato en el que una mujer casada busca salir de una vida que la ahoga a partir de encuentros sexuales y lujos de todo tipo, no impacta en el espectador como una bomba emocional sino como un aburrido y frío metraje. El conjunto high-class que caracteriza el entorno de la protagonista nos aleja sumamente de una posible empatización con Madame Bovary (interpretada por Mia Wasilkowska) cuyo comportamiento y acciones no nos llevan a entenderla sino más bien a reprocharla.

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La dicotomía campo/ciudad, aparece con un eje constante en ese malestar de la protagonista, ella quiere irse a Rouen y su marido decide quedarse en Yonville un pueblo de una calma acentuada. El campo oprime a la desdichada, la ciudad le da alas, poco a poco vemos como el efímero placer y los lujos que la permiten resistir su apenada existencia se le vuelven en su contra y la hunden despiadadamente. La potencia y fuerza del relato, no se ve reflejada en la forma de traernos la obra, el sentimiento solo lo perciben los personajes, se pierde en el camino hacia el espectador.

Contemporánea en su tratamiento de la constante “vivir por encima de nuestras posibilidades”, reduce la pregunta ¿porqué de nuevo esta adaptación? a una serie de pequeños temas que nos llegan de lleno. Necesaria o innecesaria, no logra captar la atención y muy probablemente pase desapercibida.

Roger Navarro
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