5 JOYAS AMERICANAS: AÑOS 30

5 JOYAS AMERICANAS: AÑOS 30

Quedan ya lejos aquellos años treinta en donde el cine empezaba a forjarse como la verdadera e inimitable máquina de sueños. Aquel maravilloso blanco y negro se mezclaba con acontecimientos como el descubrimiento de un nuevo planeta que finalmente fue despojado de este título, Plutón. Son los años de Franklin D. Roosevelt y su New Deal relanzando y modernizando el país tras la gran crisis económica del 29. Al Capone es condenado a once años de prisión por … ¡evasión de impuestos! Los neoyorkinos asisten a la inauguración del mítico Empire State y el gran Walt Disney estrena la primera película de animación en color, Blancanieves y los Siete Enanitos.

En toda la década podemos encontrar grandes películas. Muchas de ellas son iconos del cine como La Diligencia (1939), Robin de los Bosques (1938), Una noche en la Ópera (1935) o Luces de la Ciudad (1931). Pero lo que vamos a buscar son aquellas películas menos conocidas, joyas que no deben pasar desapercibidas y que merecen estar en lo más alto de cada década.

Sin más, nos montamos en el DeLorean y viajamos a los años treinta….

EASY LIVING (UNA CHICA AFORTUNADA) 1937
Director: Mitchell Leisen
Guión: Preston Sturges
Reparto: Jean Arthur, Edward Arnold, Ray Milland.

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Nunca un abrigo de piel ha ofrecido una historia tan maravillosa. Caído del cielo y sobre las manos de Jean Arthur, el tándem Leisen & Sturges nos regalan una obra maestra de la screwball comedy. Deliciosa y brillante, con un ritmo frenético repleto de caídas, resbalones, persecuciones, enredos y diálogos memorables. A la comedia loca se une el slapstick (impagable la escena del restaurante autoservicio) volviéndose todo aún más delirante si cabe.

Comedia elegante, con el lujo y el glamour que destilaba las producciones de aquella época. Repleta de un cinismo que encubre una sociedad de consumo más actual que nunca. Cabe destacar también los decorados en donde Leisen que anteriormente trabajo como diseñador de vestuarios y decorador, lo borda.

Un director que merece una revisión urgente ya sea por un festival, filmoteca o algún loco que ame el cine realmente. Con más de cuarenta películas os aseguro que más de la mitad son estupendas y algunas obras maestras. Es sin duda el mejor discípulo del maestro Lubitsch pero siempre con una personalidad propia que supo plasmarla en todos sus títulos. Ya sea comedia o drama sus películas ofrecen un halo de suspense muy sutil y particular. ¿El “toque” Leisen? …

No puedo olvidarme de sus personajes, tan de trazo grueso y excéntricos como realmente encantadores. Tres intérpretes principales, en donde, dejadme que me quede con una de mis actrices favoritas, la maravillosa Jean Arthur.

Realmente nosotros somos los afortunados al poder ver esta joya de uno de los grandes directores olvidados hoy en día.

THREE COMRADES (TRES CAMARADAS) 1938
Director: Frank Borzage
Guión: F. Scott Fitzgerald & Edward E. Paramore
Reparto: Robert Taylor, Margaret Sullavan, Franchot Tone, Robert Young

Camaradas

Uno de los grandes de los años treinta fue Frank Borzage. Muy respetado por la industria aquí realiza la cima de su estupenda carrera. Considerado como uno de los grandes románticos de Hollywood, con Tres Camaradas realiza una inconmensurable obra maestra en donde la amistad y el amor se elevan de forma majestuosa hacia una cima infinita. Ambientada tras el final de la Primera Guerra Mundial y con el terrible nazismo a las puertas, Borzage impregna a la película un halo de tristeza para contarnos la historia de tres amigos, tres soldados que vuelven a un hogar destruido y que aumenta a un cuarteto al incorporarse la figura delicada del amor, la de Margaret Sullavan, casándose con uno de ellos. A lo largo de todo el metraje asistiremos embelesados al drama, a la muerte, la autodestrucción, a la comedia. Pero sobro todo a una lección de amor, amistad, libertad y de vida (cada segundo como si fuera el último) como pocas veces hemos visto en el cine.

Basada en una novela de Erich Maria Remarque, como la también la maravillosa A Time to Love and a Time to Die , y con guión entre otros del gran Scott Fitzgerald, es una de las grandes olvidadas de la historia del cine. Tal vez para algún nuevo espectador Tres Camaradas pueda pecar de ingenua, son los años treinta y en el cine no había cabida para la maldad que nos inunda ahora, eran tiempos más inocentes seguro, pero lo que está claro es la palabra con que definirla: emoción. Y qué final amigos, qué final…

BACK STREET (LA USURPADORA) 1932
Director: John M. Stahl
Guión: Gladys Lehman
Reparto: Irene Dunne, John Boles, June Clyde, George Meeker.

La usurpadora

Otro de los grandes del melodrama es John M. Stahl y su Back Street (demencial una vez más la traducción española) una gran muestra de un género que ofreció excelentes películas y que hoy en día es de los grandes olvidados. Nos situamos en plena transición del cine mudo al sonoro. Stahl aprovecha la pureza, los silencios y miradas del primero para realizar un emocionante y contenido melodrama en donde sobresale la gran Irene Dunne en un papel de sufridora del amor que lo borda hasta el mayor de los límites conocidos. ¡Qué gran actriz!

John M. Stahl fue el primero en realizar la adaptación de la novela de Fannie Hurst, las siguientes fueron en 1941 por Robert Stevenson y en 1961 por David Miller, por cierto este último un director muy interesante. Cuando lleguemos a los sesenta seguro tendremos una joya para comentar de él. Back Street es la historia de un amor, del que duele, es decir el de verdad. Amor verdadero (que tanto se repetía en The Princess Bride) pero aquí con dolor y sacrificio. La calle de atrás en donde resigna a vivir nuestra protagonista es un reducto olvidado de los confines de la pasión y del amor que remueve las entrañas.

Han pasado muchos años, pero la película de Stahl es de una modernidad abrumadora. Incluso puede provocar nuestro debate interno, ¿cómo es posible que una mujer asuma e incluso se torne en una etapa hermosa el ser relegada a ocupar el rol de “la otra”? ¿Un mártir del amor? ¿Una romántica rebelde y libertaria? ¿El caprichoso destino? ¿O acaso simplemente un puro ejercicio de machismo?

Back Street es un magnífico melodrama que no exagera lo tremendo de su historia en ningún momento. Rodada de una forma exquisita y sensible, prácticamente sin música, con los estupendos silencios mencionados, las miradas, sin olvidarnos de conversaciones que se tornan trascendentales para la historia. Y sobre todo es Irene Dunne, en muchos momentos su personaje te hiela el alma, te sumerges en su soledad… los pelos de punta…

HEROES FOR SALE (GLORIA Y HAMBRE) 1933
Director: William A. Wellman
Guión: Robert Lord y Wilson Mizner
Reparto: Richard Barthelmess, Aline MacMahon, Loretta Young, Gordon Westcott

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Con más de sesenta películas, William A. Wellman es uno de los más brillantes directores de la etapa dorada de Hollywood. Un todo terreno capaz de abordar casi todos los géneros y con resultados espléndidos. Así tenemos obras magistrales en el western como Yellow Sky o Across the Wide Missouri, en el cine negro The Public Enemy, en el género de aventuras Beau Geste o en la screwall comedy la maravillosa Nothing Sacred. Un artesano, un tipo que sabía hacer muy bien su oficio: dirigir. Y entre tantas películas surge la joya, una película valiente y en muchas ocasiones asombrosa. Hay que situarse en pleno año de su producción, el duro 1933. La brutal crisis que asola el país es mostrada en la película de manera notable y real. No se esconde ni hay censura de por medio. Wellman y sus guionistas no ocultan las miserias al mundo.

Heroes for sale, es pequeña en duración (poco más de una hora), pero grande en resultados y en mostrarnos a través de los años y con unas estupendas elipsis lo que ocurría en aquella época. Al frente de todo, Richard Barthelmess. Un actor estrella del cine mudo (primer nominado al óscar al mejor actor), fetiche de D. W. Griffith, que  no ha tenido la repercusión que se merece al abandonar su carrera a principios de los cuarenta. Posiblemente el cambio al sonoro fue determinante.

La película arranca en plena I Guerra Mundial. En medio de las trincheras, y con una soberbia escena, Wellman nos muestra un hecho que será determinante para el devenir de la historia. Seguro que en cuanto la veáis os viene de inmediato la posterior y gran obra de Kubrick, Paths of Glory. A partir de ahí su discurso es demoledor. A lo largo de todo el metraje vamos asistiendo a la desmitificación del héroe americano o a temas tan espinosos como la drogadicción. Todo ello aderezado con la gran crisis del 29, el derrumbe de la economía, el desempleo, la rebelión social o la terrible caza al “comunista”.

Es difícil encontrar en aquellos años otra película con tanta fuerza y valentía como estos “héroes”. Magistral de principio a fin, con una modernidad pasmosa, Heroes for sale merece ser rescatada de un injusto olvido.

BED OF ROSES (LECHO DE ROSAS) 1933
Director: Gregory La Cava
Guión: Wanda Tuchock
Reparto: Constante Bennett, Joel McCrea, John Halliday, Pert Kelton

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Uno de los mejores directores de los años treinta fue Gregory La Cava. Un nombre, que como a tantos otros, su merecido reconocimiento ha sido muy tardío. Especialista en la comedia sofisticada y elegante, repletas de grandes diálogos ácidos e ingeniosos, el mayor problema de La Cava es haber estado a la sombra de grandes como Lubitsch o Cukor. Poco a poco, sus títulos se han ido recuperando para descubrir obras como Stage Door, She Married Her Boss o la genial My Man Godfrey.

En esta ocasión y con un excelente guión de Wanda Tuchock, La Cava ofrece una película que aunque con ribetes de drama lo tiene todo para encasillarla en una deliciosa comedia romántica. Aquí no estamos ante una alocada screwball. Bed of Roses es una elegante comedia repleta de mordaces diálogos y situaciones muy afiladas para la época. Afortunadamente  al detestable “Código Hays” le quedaba un año para aparecer, se nota de qué manera.

Son muchas las escenas de un atrevimiento sorprendente. Protagonistas que son prostitutas, que roban y mienten e incluso en una osada escena le “echan los tientos” a la mismísima iglesia. Que la guionista sea una mujer es determinante en la historia. Al contrario que en la gran mayoría, aquí la mujer es un personaje con fuerza y la que hace y deshace a su antojo. Liderando estas acciones Constante Bennett, una actriz que no tuvo la suerte que se merecía. Su personaje es deudor de Jean Harlow o de la mismísima Mae West.

Seguramente estemos a la mejor carta de presentación de La Cava, de lo que luego fue capaz de ofrecernos. Una estupenda comedia romántica.

Por cierto, y a modo de anécdota, cuentan que a La Cava, gran amante del follón y la bebida, la productora RKO prescindió de sus servicios casi al final del rodaje. Tan sólo un par de escenas se añadieron sin él. Los grandes… genios y figuras.


A modo de despedida recordad, son los años treinta, años donde Hollywood quiere hacer olvidar la crisis del país con películas de evasión, tal vez ingenuas, en blanco y negro, pero… ¿acaso no soñamos así?

¡Nos vemos en la década de los cuarenta!

Antonio GM - Ciudadano Noodles
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